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FUENTE: EL PÁIS DIGITAL MARIEL VARELA | FOTOS: INÉS GUIMARAENS Está en la calle el libro del presentador de la familia, "¿Vos sabés quien soy yo?" Rafa Cotelo y Edison Campiglia se someten a un cuestionario.

Los febreros en el Multicolor eran una fija en la infancia de Rafa Cotelo. Observaba a Niber, el "presentador histórico" de ese tablado del Cerro y se ría ante semejante personaje. Vio cosas increíbles en esos baches de dos horas mientras esperaba que llegaran Los Adams : "El tipo organizaba campeonatos de fondo blanco, gente que vomitaba arriba del escenario". Creció rodeado de ese folclore maravilloso y encontró en ese presentador, que vende panchos en la feria y tiene un montón de hijos fanáticos de Cerro, cierta dosis de inspiración para dar vida a Edison Campiglia, que no es Rafa, ni Niber, ni el borrachín del Tito Borja, ni el dueño de una murga, pero es todos a la vez y roba piques a cada uno de esos.

Rafa se subió al escenario en Murga Joven para interpretar por vez primera a ese presentador de tablado amateur en Agarrate Catalina (2002). Campiglia aparecía en escena para contar un lío que se había armado y la piña que se había comido. Algún "improperio" se le escapaba pero no era la máquina de decir malas palabras en que se convirtió cuando resucitó en Segunda Pelota. "Hace 10 años casi no decía malas palabras, era un poco mal hablado por el círculo donde se movía pero en la radio fue desarrollando esa veta picaresca", dice su creador. Ese cambio no tiene explicación racional, como todo lo que pasa en Segunda Pelota. "La polenta, la energía que tiran tus compañeros, los oyentes que te llevan hacia lugares que nunca imaginaste y tenés que surfar. Vino la ola y me llevó para ahí".

Ese costado chabacano es el que menos disfruta Rafa al hacer de Campiglia pero es el que más le reclama el público. "Eso lo estimulo en un asado con amigos pero me embola que la columna se reduzca solo a eso porque es un personaje que quiero mucho y tiene otras aristas". Su inventor no se ríe del `¿Sabés cómo le dicen?`; le causa gracia "ese perfil de chanta y perdedor que tiene, ir hacia algún evento imaginario que pudo haber existido, recordar cierto espectáculo de Carnaval, analizar un cuplé, enseñar a escribir una cuarteta, una payada" con esa impronta Campiglia que está lejos de ser el modelo que Rafa elegiría pero es el que disfruta porque "me crié escuchando eso". Por eso hace varios años que al finalizar cada temporada de Segunda Pelota amenaza con no volver a hacer a Campiglia: "Me hace mal". De hecho, los jueves se dedica a estirar cada sección para que no haya tiempo porque "no lo quiero hacer". Sus compañeros le "sacaron la foto" y cortan para hacerle un huequito "no porque lo disfruten, para hacerme la vida imposible y joderme a mí".

En la murga, Campiglia tenía caracterización: saco, pantalón, camisa y pelo. Hoy está en el anonimato. "Creo que todavía lo voy a conservar en el imaginario, que la gente se imagine su propio Campiglia". No tendrá vestuario ni peinado pero desde hace un par de semanas tiene libro propio, ¿Vos sabés quién soy yo?: está primero en ventas y permitió que Rafa desarrollara ese costado del personaje que sí disfruta.

Honores. Del presentador histórico del Multicolor tomó "esa remada de un evento. Bo, está complicado todo, y el loco con un talento y un histrión formado en el pregón del vendedor de panchos, sin nada más atrás, se metía dos mil personas en el bolsillo". Esa admiración que profesa hacia Niber se asemeja al talento que reconoce en Campiglia: "Convencer a cierto público de que esa porquería que está diciendo es graciosa porque muchas veces pienso, `bo, esto que estoy haciendo es una basura` y la gente se mata de risa. Entonces ta, se ganó un crédito, una carta libre para que eso le resulte gracioso a alguien".

-¿Y eso no es mérito tuyo?

-No, es de Campiglia y de mis compañeros, de Mariano (López) fundamentalmente, del Piñe, de Pablo (Fabregat).

-¿Campiglia le reconocería algún talento a Rafa?

-Creo que él no me reconocería nada. Nada de lo que yo hago le gustaría ni le parecería gracioso. Capaz que este año al salir en Los Asaltantes estaría un cacho más cerca.

Campiglia es hermético, cerrado, está muy seguro de lo que le gusta, lo que dice y hace. "Las cosas son así y así se manejan. Eso se lo admiro". Rafa, en cambió, a veces confía más en el criterio ajeno que en el propio. Un ejemplo, este libro. Valeria Tanco y Joaquín de la editorial Fin de Siglo "son los responsables o los culpables de que este libro haya visto la luz". Rafa preguntó si podía estar bueno, Valeria respondió, `está mortal` y lo convenció. Conservaba algunos guiones de columnas viejas pero otras debieron ser transcriptas. Campiglia no tiene libreto, improvisa: "Me llamaban y me decían, `bo, tu mujer cambió de nombre, tu hijo creció diez años y ahora tiene diez años menos`. Ellos le buscaron coherencia, armaron la historia y me lo mandaron. Yo pasé más de un año corrigiéndolo y aportándole cosas".

Una hecho similar sucedió cuando Campiglia resurgió de las cenizas. La producción de Segunda Pelota se reunió y planteó dejar de hacer personajes porque había demasiados en la radio. Alguien se acordó de ese presentador de tablado que Rafa alguna vez había interpretado en la Catalina y le pidió que lo hiciera para reírse. Entonces, Rafa lo puso como ejemplo de lo que no había que hacer. `¿Y si lo hacés una vez?` "Yo no quería saber nada, ni me acordaba cómo hablaba. Probamos hacerlo, anduvo bien, los gurises se divirtieron, me dijeron, `hacelo otra vez` y ta". Así se recicló Edison Campiglia.

Más cerca de lo que parece. Cuando a Rafa se le pregunta en qué se enfrenta con Campiglia, en seguida le sale decir "en su cosmovisión entera, no hay nada que me una". Es cierto que difieren en cuanto a valores morales y éticos porque, de hecho, Campiglia no los tiene, pero en cuestión de segundos, Rafa levanta la ceja y se da cuenta de que no están tan lejos en cuanto a gustos y preferencias. Ambos disfrutan de cosas sencillas: un asado, una comida con amigos, organizar una buceca, un fútbol, el Carnaval. "Esa esencia barrial nos une". Es más, Rafa eligió la cantina del Mirador Rosado para hacer la nota porque ahí se comen las mejores milanesas con morrón y aceituna y se acodó a la barra para tomarse la grapa miel que le sirvió el cantinero, el Julio. Por allí deben desfilar varios personajes tan pintorescos como Campiglia, que seguro también elegiría parar ahí.

Campiglia heredó de su creador ese gusto por aquello que está a mitad de camino entre lo terraja y lo bizarro. "Algunas cosas de música tropical que yo disfruto muchísimo, ni qué hablar del Carnaval, cosas relacionadas a esos sub mundos de clubes de fútbol, baby fútbol, ligas, cantinas, campeonatos de cosas, carrera de galgos, truco, tute, todo eso nos apasiona a los dos". Eso sí, a Campiglia le gusta mucho la timba y juega a todo clandestino (galgo, riña de gallos, caballos). Rafa es bastante más sano, tiene un solo vicio: la Coca light.

En una comida con amigos Rafa puede llegar a ser muy boca sucia, aunque "no tanto como Campiglia", aclara. Pero se divierte mucho con esos insultos que no son hirientes porque son parte del código, la forma de decir las cosas entre compinches. "En la barra de amigos del Cerro hay dos o tres que son grandes puteadores y yo disfruto y aprendo mucho de escuchar".

A pesar de que manejan códigos bien distintos, Rafa sería capaz de escuchar y atender un consejo de Campiglia. Está seguro de que su recomendación sería "que no me despegue del barrio, siempre los piecitos ahí".

Versus. Inmerso en el mundo de Momo, Rafa descubrió que "está lleno de Campiglias en el Carnaval". Lo define como "entrañablemente asqueroso. No tiene atractivo ni valores que alguien comparta pero estoy convencido de que es entrañable porque en ese asco se hace querer, no sé cómo pero se hace querer". Rafa es extremadamente tímido, alega manejarse muy mal socialmente y es uno de los temas que trata en terapia. No se imagina a Campiglia sentado en un diván: "Seguramente piense que todos los psicólogos son putos o ladrones. Campiglia pocas veces asume errores o muestra debilidad. Alguna vez estuvo mal de amores y lagrimeó al aire pero es tan tosco que es imposible que haga terapia". Rafa llega a un evento o un cumpleaños y lo primero que le dicen es, `tirate un `sabés cómo le dicen`, unos cuentos`. "Y yo me muero de vergüenza, no lo puedo sostener, no me da la cara ni el coraje para aguantarlo. Es un personaje escudado atrás de un teléfono, encerrado en un estudio y en la mayor y absoluta confianza con mis compañeros". Le avergüenza básicamente todo cuanto Campiglia puede llegar a hacer en público, en una situación social.

Campiglia es chanta, inescrupuloso, se gana la vida con negocios poco honestos. Rafa es ingenuo y "banana en todos mis movimientos y negociados, soy un gil. Para empezar, no participo de las empresas donde estoy metido, no sé dónde está la plata, ni cuánta se maneja. Campiglia nunca se permitiría eso, tendría el control absoluto de todo el dinero". Campiglia saca el máximo rédito económico que puede, Rafa se mete en proyectos poco sustentables Por ejemplo, elige participar de Imprevisto los sábados a la noche en vez de hacer eventos que le darían diez veces más plata pero "ahí siento que estoy aprendiendo, me estoy haciendo amigos, estoy creciendo y en un evento sentía que no".

Campiglia no es tan futbolero como Rafa. Su creador prefirió que no fuera hincha de Cerro para apartarlo un poco de él y porque "tiene un perfil tan clase Z que le quedaba mejor Villa Teresa. De última Cerro juega en primera. Cuando lo empezamos a hacer en la radio al toque salió campeón y jugó la Libertadores. Campiglia jamás sería hincha de un cuadro así. Tiene que ser hincha del cuadro del barrio, el de la cantina. Yo fui a la sede de Villa Teresa para sacar un par de piques y ese folclore parroquiano acodado con códigos de barrio le cabían precioso a Campiglia".

Rafa no tendría a Campiglia de amigo pero sí lo disfrutaría en una "comilona" y se tomaría "100 mil" copas con él ("es de esos viejos borrachos que chupa, chupa y nunca está en pedo") porque es muy pintoresco. "No sé si de Espinillar porque no lo aguanto pero me pediría una Grapa miel". Declara eso y al toque advierte: "Así yo quisiera ser su amigo, él nunca me elegiría. Configuro casi todo lo que él odia: salgo en una murga que hace teatro como es Agarrate Catalina, trabajo en una radio en Pocitos, frente a la Rambla, ya no vivo más en el Cerro. Él me odiaría con toda razón", reflexiona Rafa Cotelo.

"Hay un ítem en el que ni Campiglia ni yo caemos: el humor negro. No lo disfruto y nunca lo haría".

FUENTE: EL PÁIS DIGITAL MARIEL VARELA | FOTOS: INÉS GUIMARAENS

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